Hace poco se llevaron a cabo las elecciones regionales y municipales en nuestro país, a diferencia de la elección de autoridades locales donde el candidato ganador sólo necesita obtener mayoría simple con respecto a los votos válidos; los candidatos regionales necesitan obtener el 30% más un voto con respecto a los votos válidos. Hasta el momento, se ha confirmado el triunfo en primera vuelta de 10 candidatos regionales, ergo, 15 van a segunda vuelta; la elección se llevará a cabo el 6 de diciembre.
Según el último Latinobarómetro, sólo el 18% de los peruanos considera que el estado hizo poco o algo en los últimos tres años. En lo que atañe a la policía, sistema judicial, hospitales públicos y educación pública sólo el 13%, 10%, 16% y 22% están satisfechos respectivamente con el funcionamiento de dichos servicios públicos. Sólo la tercera parte de los peruanos perciben que el estado es eficiente.
Mientras que en Europa, un porcentaje de 30% de aprobación de un presidente es considerado de baja legitimidad, en Perú hay presidentes (como el caso de Dina Boluarte) que según el margen de error de la encuesta obtuvo “0%” de aprobación, siendo considerada en algún momento la mandataria más rechazada en el mundo. Hemos aprendido a convivir con autoridades nacionales y regionales con un dígito de aprobación, cual rana aprende a convivir en agua tibia; somos un “país de lo imposible”.
La confianza está diezmada con respecto a prácticamente todas instituciones, sólo la iglesia católica tiene un nivel de confianza del 66%, el congreso y el gobierno nacional sólo generan una confianza del 9%, los partidos políticos el 10%.
El candidato regional por el Partido Político País para Todos, Rosalí Leandro, logró ocupar el primer lugar con un 31.933% de los votos válidos; al 97.124% de las actas contabilizadas, matemáticamente es imposible que no gane las elecciones en primera vuelta. Él obtuvo 119,579 votos, sin embargo, si comparamos dicho número de votos con respecto al total de electores hábiles (662,543), sólo representa el 18.04%, es decir, hay un 82% de sufragantes que no optaron por la opción del candidato de País Para Todos. Eso representa una baja legitimidad, porque sólo 2 de cada 10 electores respaldaron su candidatura.
Es imprescindible distinguir entre legitimidad de origen, que proviene de elecciones libres y competitivas, y legitimidad de ejercicio, que se construye durante el gobierno mediante decisiones transparentes, resultados, participación ciudadana y respeto al Estado de derecho.
En mis participaciones en eventos académicos suelo referir que “en gestión pública no es necesario descubrir la pólvora, sino más bien, valorar las experiencias exitosas que se practican en el mismo país o en el mundo, y adaptarlas a la realidad del territorio a implementar”. Hay muchísimas experiencias exitosas en Latinoamérica sobre las buenas prácticas de legitimidad, como lo realizado en Porto Alegre-Brasil en 1988 que promovía la participación de las organizaciones vecinales y de la ciudadanía, quienes analizaban y discutían qué proyectos se debían priorizar, seguramente eso dio pie a que en el Perú se logre implementar la metodología del Presupuesto Participativo. En Medellín-Colombia también ocurre algo similar, quizá el valor añadido es el seguimiento de los proyectos desde su ejecución y evaluación. El gobierno nacional de Brasil implementó el gobierno abierto desde el año 2011, en el mismo se publica información de manera accesible, se generan espacios para que la ciudadanía aporte alternativas de solución, se promueven reglas para prevenir los conflictos de intereses y se promueven mecanismos de vigilancia y rendición de cuentas.
La legitimidad se logra mediante elecciones libres y transparentes, mediante el fomento de la participación ciudadana efectiva, a través de la práctica de la transparencia e integridad, mediante resultados públicos verificables (metas medibles), cuando se toma en cuenta el criterio de equidad territorial e inclusión (zonas rurales, población indígena, zonas alejadas y población con mayores brechas sociales), finalmente es imprescindible tomar en cuenta el respecto a las instituciones (se respetan las leyes, la separación de poderes, los organismos de control, la libertad de expresión y los derechos de quienes discrepan con el gobierno).
Sólo el 18.9% de los ciudadanos huanuqueños perciben que la gestión del gobierno regional es buena o muy buena, es decir, 8 de cada 10 personas desaprueban la gestión del actual gobernador regional.
El flamante gobernador regional debe planificar y analizar de manera concienzuda y responsable su futura gestión.
Un 3 de noviembre de 1937, el conspicuo escritor peruano, César Vallejo, publica su poesía: “Los Nueve Mounstruos”, en la misma, deja una frase imperecedera que hoy cobra vigencia: “Hay hermanos muchísimo que hacer”.








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