La quimera de oro y la enajenación del hombre en el sistema capitalista
Considerada como la séptima mejor película del siglo XX, La quimera de oro fue analizada y ensalzada por José Carlos Mariátegui en “Esquema de una explicación de Chaplin”. En esta película, casi todos los espíritus, forjados en la educación capitalista, se enrumban hacia las montañas en búsqueda de oro solo por amor al dinero —poderoso caballero es don Dinero, diría Quevedo— El pequeño Charlot, en cambio, va en búsqueda de oro, motivado por el amor a su amada y al prójimo y nos demuestra con esta actitud que existe todavía esperanza en este mundo sumido en la ambición, el consumismo y la deshumanización kafkiana.
Cuando Charlot y su compañero de aventura, Big Jim, empiezan a padecer hambre, este último ve en el pequeño Charlot a un inmenso pavo que puede devorar cuando pueda o deba; es más, sin poder contener el hambre que lo agobia, lo persigue creyéndolo un pavo horneado, exquisito y jugoso. Charlot, lejos de ver a su “camarada” como algo comestible, decide comerse su zapato con todo y pasadores. En esto hay una imagen cinematográfica más profunda, porque denuncia que la cultura capitalista, reflejada en el compañero de Charlot, es depredadora, inhumana, caníbal y se sustenta en el deseo incesante del dinero. El pequeño Charlot es prácticamente un proletario o un parado forzado; por eso, posee romanticismo y alma humana aún. Con esto, Chaplin se ubica entre los enemigos más peligrosos de los grandes magnates, pues da entender que la esperanza de la humanidad no radica en los poderosos, sino en los explotados y vilipendiados de Norteamérica. Es más, hay una escena en la que la casa donde se encuentran Charlot y Big Jim se bambolea entre el abismo y el suelo fijo. Este segmento da a entender que si la humanidad se inclina hacia la postura del pequeño Charlot, la casa llamada Tierra puede salvarse; pero si nos inclinamos hacia la cultura y los deseos depredadores de Big Jim caeremos al abismo.
Revolucionario en la industria cinematográfica
Chaplin emprende un proceso revolucionario en la industria cinematográfica; profesionaliza los ángulos y los planos de cámara. Su trabajo se torna cada vez más absorbente; sus parejas sentimentales no le entienden, pues se concentra al milímetro en cada obra suya. Se pasa noches enteras revisando tomas y componiendo música. Durante las filmaciones, repite cientos de veces un mismo plano que llega a agotar a sus actores, quienes, más adelante, lo considerarán un dictador como director. Intenta grabar planos y escenas lo más perfectos posibles, por lo que cuida cada detalle de la escenografía, cada movimiento y expresión de sus personajes. Asimismo, Chaplin empezaba a sentir el dolor de las masas como si fuera su propio dolor: solía apoyar a los pobres, sin llamar la atención de la prensa; se enojaba consigo mismo cuando había tanta injusticia y él no podía hacer nada o cuando creía haberse olvidado de algún hecho socialmente relevante.
En 1931, se estrena Luces de la ciudad, cuyo personaje principal, la chica ciega vendedora de flores, no es sino la representación de una amiga que Charlie tuvo en su infancia. Aunque muchos ven en esta película una simple historia romántica, casi parecida a El chico, en esta se almacena una crítica aún más mordaz contra la cultura y el dominio de los señores capitalistas. Recordemos que, al empezar el largometraje, se aprecia a un grupo de autoridades develando una estatua. En cuanto quitan el velo, aparece el pequeño Charlot, transmitiendo aquella comedia que se constituye en una mofa contra la fastuosidad de los gobernantes; después, se nos presenta al millonario borracho que considera como hermano y amigo al pequeño Charlot mientras se encuentra sumergido en las alucinaciones del alcohol, pero cuando retorna a su sobriedad, que es el statu quo burgués, desprecia con saña al mismo. En esos años, el cine sonoro empezaba a expandirse por el mundo entero y Chaplin se había negado rotundamente a incorporarlo en sus obras cinematográficas; no obstante, debido a la insistencia de su hermano Syd, decide incorporar la sonoridad en Luces de la ciudad. Se trata del sonido ligero que produce la puerta de un automóvil en una pequeña escena, y nada más.
Tiempos modernos: la condena de Chaplin contra el capitalismo y la guerra del capitalismo contra Chaplin
En 1935, se estrena Tiempos modernos, obra que haría estallar en ira incontenible a los burgueses norteamericanos. Considerada como una de las mejores obras de todos los tiempos, la cinta critica la modernidad del sistema capitalista, muestra la explotación del obrero, denuncia la demencia que trae el estrés del sistema de trabajo y, además, saca a relucir la maquinización de la sociedad como causa del embrutecimiento humano. Es, por mucho, su largometraje mejor logrado; posee planos más detallados, escenas enriquecidas con efectos especiales que, a su vez, se convierten en metáforas muy impactantes. En este largometraje, queda claro que la genialidad de Chaplin no tiene límites; es capaz de crear figuras cinematográficas cada vez más profundas. Ejemplos: La locura de Charlot debido a un sistema de explotación; las máquinas dentro del capitalismo empiezan a dominar al hombre (a Charlot se lo traga una máquina); la búsqueda de la plusvalía relativa y la plusvalía absoluta desde la óptica capitalista (los dueños controlan todo desde grandes pantallas y experimentan nuevos inventos que ayuden a alimentar a sus obreros sin que estos dejen de laborar). Lo que resulta aún más estremecedor: los capitalistas no tienen corazón ni humanidad. En cuanto ven a un obrero como Charlot en la locura y enfermo, se deshacen de él porque básicamente es una mercancía (utilizando los términos de David Ricardo) que ya no les es útil en su producción de riquezas. En este largometraje, además, se logra oír por primera vez la voz de Charles Chaplin, quien empezaba a tomar en serio la incorporación de la sonoridad en sus películas.
Hasta entonces, el Servicio de Inteligencia de los Estados Unidos no encontraba lo necesario para encarcelar o, por lo menos, para deportar a Chaplin. El actor, rebelde ante las autoridades, solía frecuentar a personalidades cercanas a la política comunista como Bertolt Brecht, Hanns Eisler, Mahatma Ghandi, etc. Esto enfurecía aún más a los funcionarios de Roosevelt. Chaplin, incluso, hacía visitas esporádicas a la Unión Soviética, en aquel entonces dirigida por Iosiff Stalin.








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