Durante meses fue posible refugiarse en la incertidumbre. Se podía decir que todavía faltaban datos, que los modelos podían cambiar o que hablar de un “Súper El Niño” resultaba prematuro. Ese margen se está cerrando. Las señales del Pacífico se han fortalecido y la propia NOAA ha venido elevando la probabilidad de consolidación de El Niño durante 2026. Además, el organismo estadounidense adoptó el nuevo índice RONI precisamente para medir con mayor precisión estos episodios en un océano cada vez más cálido.
Lo verdaderamente preocupante para Huánuco, sin embargo, no está solamente en lo que ocurre a miles de kilómetros mar adentro. Está aquí, frente a nosotros: ¿estamos preparados?
Esa pregunta debería incomodar.
Porque un fenómeno de esta naturaleza no significa únicamente lluvias intensas. Puede alterar temporadas agrícolas, disponibilidad de agua, carreteras, quebradas, cultivos, sistemas de riego y comunidades expuestas a deslizamientos. Puede significar exceso de agua en un lugar y escasez en otro. Puede convertir una quebrada aparentemente tranquila en una amenaza y una carretera vulnerable en un aislamiento de días.
No podemos esperar la emergencia
La prevención no comienza cuando cae el primer huaico. Tampoco cuando una familia pierde su vivienda, cuando una carretera queda bloqueada o cuando los agricultores empiezan a contar pérdidas. Cuando eso sucede, la prevención ya fracasó y solo queda reaccionar.
Huánuco necesita saber dónde están sus puntos críticos, qué quebradas representan mayor riesgo, qué vías requieren intervención, qué comunidades podrían quedar aisladas, qué capacidad existe para responder ante lluvias extraordinarias y qué se hará si, por el contrario, determinadas zonas enfrentan déficit hídrico.
No conocemos, con la información disponible para este editorial, un balance público suficientemente detallado que permita responder todas esas preguntas. Y ese vacío, precisamente, debería preocuparnos.
Las autoridades regionales y municipales tienen derecho a organizar actividades culturales, celebraciones y concursos. El problema aparece cuando la agenda pública transmite la sensación de que el espectáculo ocupa más espacio que los riesgos capaces de afectar directamente la vida y la economía de miles de familias.
No se trata de cancelar la vida cotidiana. Se trata de entender las prioridades.
Gobernar también es anticiparse
Un desastre natural no puede evitarse por decreto, pero muchas de sus consecuencias sí pueden reducirse mediante prevención, mantenimiento, información y decisiones tomadas a tiempo.
Esperar una confirmación absoluta antes de actuar sería una irresponsabilidad. La gestión pública existe precisamente para administrar riesgos cuando todavía existe incertidumbre.
Desde Diario Ahora creemos que Huánuco necesita menos indiferencia y mucha más anticipación. Que cada autoridad explique qué está haciendo, qué zonas ha identificado como vulnerables, qué presupuesto dispone y qué medidas ejecutará antes de que llegue la emergencia.
Porque cuando el río crece, la quebrada baja o el campo se queda sin agua, ya no sirven las fotografías, los discursos ni las ceremonias.
Entonces solamente queda una pregunta que nadie debería tener que formular después: ¿por qué no actuaron cuando todavía había tiempo?










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