Rusia y Ucrania retomaron este domingo 11 de mayo conversaciones indirectas para explorar un posible cese parcial de hostilidades, en medio de una creciente presión internacional por frenar una guerra que supera ya los cuatro años y mantiene impacto global sobre energía, alimentos y seguridad europea.
Las gestiones diplomáticas fueron impulsadas por Turquía y Naciones Unidas después de una semana marcada por ataques con drones, bombardeos sobre infraestructura energética y nuevas operaciones militares en el este ucraniano. Moscú confirmó disposición para discutir corredores humanitarios y protección de centrales eléctricas, mientras Kiev exigió garantías de seguridad antes de cualquier pausa militar.
El presidente Volodímir Zelenski sostuvo que Ucrania “no aceptará concesiones territoriales”, pero reconoció que existe presión internacional para abrir espacios de negociación. Desde el Kremlin, Vladímir Putin afirmó que Rusia busca “condiciones realistas” para una solución política.
El conflicto ha provocado cientos de miles de muertos y millones de desplazados desde febrero de 2022. Además, la guerra alteró precios internacionales de alimentos, fertilizantes y energía, afectando especialmente a Europa y países dependientes de importaciones agrícolas.
La nueva ronda diplomática ocurre en un contexto sensible para Occidente. Estados Unidos y la Unión Europea enfrentan debates internos sobre financiamiento militar, mientras Rusia fortalece relaciones estratégicas con China, Irán y Corea del Norte.
Aunque todavía no existe un acuerdo concreto, la reapertura de contactos diplomáticos marca el primer acercamiento relevante entre ambas partes en varios meses. El desafío será determinar si las conversaciones logran reducir la intensidad militar o si terminarán absorbidas nuevamente por la dinámica del conflicto.










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