La exdirectora científica del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi), Elizabeth Silvestre, advirtió que el Fenómeno de El Niño podría presentarse con mayor periodicidad, pasando de una recurrencia de entre cuatro y siete años a una de cada dos a tres años. La especialista señaló que el país se encuentra en una fase en la que aún es posible establecer estrategias de prevención ante sus posibles impactos.
En diálogo con RPP, Silvestre explicó que el evento climático afecta actividades productivas como la agricultura y genera riesgos para la infraestructura debido a las lluvias intensas, huaicos e inundaciones que se presentan durante su ocurrencia.
Lluvias intensas podrían comenzar en octubre
Según los pronósticos, las precipitaciones podrían comenzar en octubre y, si el fenómeno se intensifica, las lluvias serían principalmente fuertes en el norte del país durante octubre y noviembre.
“Los pronósticos nos dicen que en octubre podrían comenzar las precipitaciones. Si esto se intensifica, octubre-noviembre vamos a tener precipitaciones abruptas principalmente en la zona norte del país”, afirmó.
Dicho escenario también podría estar acompañado de menores precipitaciones en zonas de la sierra, entre ellas Puno, Cusco, Junín y la zona alta de Tacna. Silvestre estimó que el periodo de lluvias podría extenderse hasta marzo o abril, debido a que los eventos extremos pueden presentar modificaciones en su duración e intensidad.
“Todos los eventos extremos climáticos están alterados por el cambio climático en intensidad, frecuencia y periodicidad. Por lo tanto, si nosotros estábamos acostumbrados a ver el impacto de El Niño en lluvias de noviembre a febrero, esto podría extenderse”, señaló.
Infraestructura y defensas ribereñas
Silvestre consideró que la ejecución de defensas ribereñas, especialmente en el norte del país, debe venir con información científica para determinar qué cantidad de agua deberán soportar estas estructuras. Recordó que entre 2023 y 2024 se registraron caudales que superaron la capacidad de algunos canales en Piura y Sullana durante el fenómeno.
“Si yo voy a hacer una defensa ribereña, estoy pensando en cuánta cantidad de caudal voy a tener en esa zona y cuándo va a llegar esto. Entonces, eso es parte de la información científica”, apuntó.
Por ello, sostuvo que la información climática también debe ser utilizada para planificar las obras, pues en caso de que una infraestructura sea culminada dentro de tres meses, se debería contar con una previsión sobre las lluvias que podrían registrarse durante ese periodo.
Frecuencia de El Niño
En cuanto a la frecuencia de los eventos de El Niño, Silvestre indicó que, según la información científica a la que hizo referencia, anteriormente estos fenómenos se presentaban con una periodicidad de entre cuatro y siete años, mientras que actualmente se observa una recurrencia de entre dos y tres años.
La especialista explicó que también se ha observado una relación entre la ocurrencia de La Niña y la posterior aparición de El Niño. Precisó que La Niña implica un enfriamiento de las temperaturas de la superficie del mar en el océano Pacífico tropical, mientras que El Niño está asociado con un incremento de estas temperaturas.
Silvestre señaló que se requiere investigación científica aplicada para determinar si esta periodicidad podría continuar reduciéndose y establecer sus posibles impactos en las diferentes actividades del país.
Invierno y primavera más cálidos
Respecto a las temperaturas, la especialista sostuvo que el país atraviesa una fase de calentamiento y que el invierno presenta condiciones más cálidas de lo habitual.
“Estamos en un punto extremo. Nuestro invierno no está siendo como lo estamos acostumbrados, es un invierno más cálido”, remarcó y añadió que la primavera también sería cálida y que, al llegar el verano, el calentamiento podría intensificarse.
Silvestre explicó que el aumento de la temperatura del mar puede influir en las condiciones atmosféricas debido a una mayor disponibilidad de humedad. Según detalló, el calentamiento del agua favorece la evaporación y puede generar condiciones para la formación de precipitaciones.
En ese sentido, señaló que durante el verano las lluvias que normalmente se presentan en la sierra podrían incrementarse debido a El Niño. De momento, la especialista sostuvo que la información científica debe usarse para determinar los impactos del fenómeno y establecer medidas de prevención en los distintos sectores.
Añadió que la gestión del riesgo debe incorporarse mediante acciones concretas en las políticas públicas, como la identificación de los posibles impactos y la implementación de soluciones para cada sector. Los pronósticos apuntan a octubre como mes de inicio de las precipitaciones y su evolución dependerá de la intensidad que alcance el fenómeno durante los siguientes meses.










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