Quienes me conocen saben que soy hincha del Universitario de Deportes de toda la vida. Desde muy pequeño para ser exacto. Mi papa, hincha de toda la vida, me inculco desde niño el amor a la crema, el mismo que felizmente me ha durado hasta mis 30 años y que durara hasta el resto de lo que me queda por vivir. Hasta la fecha, no me pierdo ni un solo partido y ya se ha vuelto rutina de mi vida diario el estar informado sobre el universo U. Y pues, como decía el gran Guillermo Francella, interpretando el papel de Pablo Sandoval en la película argentina ganadora del premio Oscar: “El secreto de sus ojos”, el hombre puede cambiar de todo, de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios... Pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión. Eso sí, allá en el año 2010 conocí a otra crema, una de mi tierra, e, innegablemente, también me apasione por ella.
Ese año 2009 fue para mí bastante especial pues recuerdo haber ganado varios torneos de tenis a nivel local, que es el deporte que yo practico, y había arreglado bastante mi situación en el colegio, que no era la mejor. Para ese momento el futbol era para mí algo ajeno, al menos hasta ver aquella final del clásico en donde con un 1 a 0 de ida y de vuelta, la U se coronaba campeón del por aquel entonces conocido como Torneo Descentralizado. Recuerdo claramente que en ese entonces el canal Cable Visión era el único que transmitía los partidos que en ese entonces se pasaban en el canal de pago Cable Mágico Deportes o mejor conocido como CMD. Mi mente recuerda con bastante afecto las narraciones que en ese entonces realizaba el todavía joven pero prolífico narrador Daniel Peredo y el gran y experimentado Alberto Beingolea.
Eso sí, ese 2009 ocurrió algo ajeno a mí que de pronto empezó a llamar mi atención. Se comentaba tanto en el salón de clases como en las calles. Los periódicos más importantes que para ese año era el Diario Ahora y el desparecido Hoy Regional, llegaban todas las semanas con la noticia de que el emblemático León de Huánuco, equipo y patrimonio histórico de la ciudad, avanzaba a paso firme en la Copa Perú. Recuerdo particularmente aquel polémico partido del clásico huanuqueño contra el Alianza UDH, que pese a haber sido superior en etapas anteriores, fue derrotado 1 a 0 con lo que el León aseguraba su pase a semifinales frente al Diablo Rojos de Puno. Aquel triunfo 2 a 0 en Huánuco y la posterior derrota 2 a 1 fue suficiente para devolverle el sueño a la ciudad. El rival de la final sería el Tecnológico Campo Verde de la ciudad de Pucallpa.
A través de algunos medios deportivos locales y videos en YouTube con baja calidad se podía ver a la barra del equipo haciéndose presente en el estadio Aliardo Soria de Pucallpa. Aquella tarde el León empato 1 a 1 y marchaba con una ventaja mínima, ya que de acuerdo a las reglas de la Copa Perú de ese año el gol de visita valía por 2. La vuelta se jugó en el emblemático estadio Heraclio Tapia, que por ese año aun no contaba con su tribuna de occidente, que aún estaba en construcción. Quien escribe no fue a ninguno de los partidos disputados ese año y es algo de lo que sinceramente siempre voy a estar arrepentido. Eso sí, el partido lo pasaron en CMD y pude ver la repetición. Fue un 0 a 0 agónico en donde vi jugar por primera vez a jugadores como Víctor Peña y Ever Chávez, los únicos sobrevivientes de esa campaña junto a Haruki Kanashiro para la temporada 2010.
Recuerdo claramente las imágenes como si fueran ayer. El estadio rugiendo de alegría. Los jugadores dando la vuelta olímpica. El enorme trofeo de la Copa Perú pasando a manos de los jugadores. Johan Fano dando declaraciones, hablando de volver a jugar en el equipo donde empezó su carrera, promesa que terminó por cumplir con los años. Recuerdo que la noticia rápidamente se esparció por las calles. Para ese entonces estaba en la moto de mi papá cuando la barra del León pasó junto a los jugadores paseando el trofeo. Esa sensación de alegría. Un pueblo unido en el color crema y rojo. Los autos tocando los cláxones. Yo, aun ajeno al futbol y desentendido de ese mundo pese a ser supuestamente un hincha de la U, sentí un poco la emoción de ser huanuqueño. Recuerdo que en una entrevista previa a la gran final, el entrenador y exjugador de Independiente de Avellaneda y Alianza Lima, Franco Navarro, confirmó que sería el técnico del equipo que ascendiera ese año.
En ese año 2010, aunque con algunas fechas tarde, me animé a ir al estadio. Un poco tarde, la verdad, y en un partido frente al Sport Boys. Difícil olvidarlo, ya que la señora de la puerta me aplastó accidentalmente la mano al momento de salir con la reja. Eso sí, pese a todo, fecha tras fecha y acompañado de mi papá y en algunas ocasiones de mi primo y tío, hinchas de Alianza Lima, se volvió una feliz costumbre ir a ver ganar al León, que ese año fue más que imbatible e imponente de local. Difícil olvidar el 1 a 0 a Alianza, el 1 a 0 a la U, la goleada 4 a 2 al entonces puntero equipo de la Universidad San Martín, aunque el partido que más recuerdo con cariño fue el 6 a 0 al Sporting Cristal. En ese partido recuerdo haberme quemado bastante la piel en la tribuna sur, pero fue lo último en lo que pensé cuando entraban los goles uno tras otro en el arco del desafortunado Erick Delgado. Recuerdo que en el segundo gol un señor casi se atora comiendo su adoquín. El pobre quedó tan asustado que apenas y cantó los otros 4 goles mientras todos nos reímos de él y con él. En ese año solo perdimos una vez de local 1 a 0 frente al Total Chalaco.
Ese año se jalaron a jugadores con la expectativa de mantener la categoría, pero con el tiempo los objetivos fueron cambiando. Jean Ferrari, Carlos Zegarra, Chiquito Flores y Luis Cuto Guadalupe, fueron piezas esenciales de ese gran equipo. Eso sí, las dos grandes figuras y estrellas de ese campeonato fueron el delantero colombiano Luis Perea el volante argentino Gustavo Rodas. Ambos fueron el corazón y el cerebro de ese equipo que entre la magia y a definición, colocaron a Huánuco en lo más alto del futbol peruano llegando a la final contra el bicampeón del futbol peruano de los años 2007 y 2008, la Universidad San Martin del experimentado técnico Aníbal El Maño Ruiz. Por ese entonces el equipo santo tenía al goleador del campeonato que era el delantero argentino Héber Arriola y el también volante argentino Pablo Vitti. Para ese entonces las expectativas eran de una final que se pelearía, sin lugar a dudas, con un cuchillo entre los dientes. Recuerdo la mañana de esa final. La inmensa cola que llegaba hasta el cementerio general. La ciudad vestida de crema, los autos tocando los cláxones. Era un ambiente festiva. Era la gloria o la gloria. No había forma de perder.
Con el tiempo y los años he aprendido a asimilar las decepciones y derrotas como quien madura en el proceso, pero difícil no recordar con bronca todo lo sucedido en la final. Esa infantil bronca entre el brasileño Ronaille Calheira y el defensa Christian Ramos que nos costó la expulsión de Rodas. Ese gol que hizo estallar el estadio y que grite de pie en uno de los palcos ya que fue prácticamente imposible encontrar asiento entre un estadio ridículamente abarrotado. Ese gol de German Alemanno fruto de una distracción de la defensa que silencio el estadio. El hecho que pese a que Rodas fuese perdonado para el partido de vuelta, Franco Navarro insistiera con no utilizarlo. La impotencia de ver a un equipo sin su conductor en el medio campo siendo apabullado en el Monumental. Esa mala salida de Chiquito que costo el segundo gol de tiro libre. La ligera luz de esperanza que sentidos todos con el gol de penal de Perea y la desazón del pitazo final, amenizado por el odio que sentía de ver a la muelita bailando con su sombrero de navidad. Pese a todo y pese a como está el equipo ahora, quisiera recordar esa atapa como lo que fue, una de las más felices para mí y para muchos huanuqueños.










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