Caminar por 'Teherángeles', el barrio iraní de Los Ángeles, durante el Mundial 2026 es sumergirse en una paradoja geográfica y política. Oficialmente reconocido por la ciudad en 2010 en la intersección de Westwood Boulevard y Wilkins Avenue, con centro en la Persian Square, este enclave alberga a parte de los 700.000 iraníes que residen en el sur de California, la mayor concentración fuera de Irán.
Pero este año, con la selección de la República Islámica debutando en suelo estadounidense ante Nueva Zelanda en el SoFi Stadium, el ambiente en el barrio está profundamente fracturado. A todo eso se une que es la primera vez en la historia que un país anfitrión del Mundial está técnicamente en guerra con uno de sus participantes y le ha impedido alojarse en él.
El sentir de Westwood Boulevard
Intentar hablar con algún local sobre política es una misión 'casi' imposible. Algunos incluso rechazan a los periodistas por españoles ("apoyáis al régimen que tiene secuestrado nuestro país"), hasta que Mahmud, dueño de una frutería, actúa como enlace de la comunidad. Él sabe que, para muchos de sus vecinos, este torneo ha dejado de ser solo deportivo.
Nuestros jugadores son los miles de asesinados por el régimen iraní hace dos meses, no los que han venido a jugar el Mundial
Gracias a los contactos que inicia Mahmud, se llega hasta la librería de Sam. Una librería un tanto peculiar si se tienen en cuenta los numerosos carteles que tiene en la cristalera: "No más ayatollahs en Irán, cambio de régimen", acompañados siempre de la bandera del León y el Sol, la anterior a la Revolución Islámica de 1979 y que ahora representa a la oposición nacional.
"Pregunta a quien quieras en el barrio, te dirán que este equipo de fútbol no es el nuestro", afirma Sam con contundencia. Para él, los futbolistas en el campo son "tipos estúpidos" que validan al régimen que oprime a sus familias.
De una sentencia de muerte en Irán a 'Teherángeles'
Todas las conversaciones en Teherángeles parecen llevar a un mismo nombre: Roozbeh Farahanipour. Roozbeh no es solo el CEO de la Cámara de Comercio de West Los Angeles, es un símbolo viviente de la diáspora. Nacido en Teherán en 1971, su vida quedó marcada por la Revolución de 1979 cuando, con apenas ocho años, escuchó en las noticias que el primo de su madre había sido fusilado.
Nunca apoyo a la selección de Irán, para mí son los representantes del régimen que me sentenció a muerte
Roozbeh, que huyó ilegalmente por la frontera de Turquía tras ser condenado a muerte en 1999 por liderar revueltas estudiantiles, hoy se define como un "líder de la desobediencia civil". Su postura ante el Mundial es tajante: "Nunca apoyo al equipo de la República Islámica. Tuve una sentencia de muerte del régimen... vine como asilado político y siempre apoyo al equipo de la oposición".
"Individualmente me gustan los jugadores, pero mientras están en el campo con el uniforme y la bandera del régimen, son una máquina de propaganda", afirma, antes de continuar: "Con el tiempo he visto este sentimiento crecer. Tengo alergia a la bandera de la República Islámica. Si me veo obligado a transmitir los partidos, celebraré los goles del equipo contrario".
La FIFA prohíbe la bandera opositora al régimen
Esta politización de la selección de Irán ha llevado a la FIFA a prohibir la bandera del León y el Sol (símbolo prerrevolucionario) dentro de los estadios, una decisión que Roozbeh califica de "ilógica" y que vulnera la libertad de expresión protegida por la Constitución de los Estados Unidos.
"Tú puedes entrar al campo con la bandera de apoyo a la comunidad LGTBI+, con la bandera de apoyo al movimiento MAGA de Trump o si quieres con la bandera de apoyo a McDonald's. Eso es la libertad de expresión, pero la FIFA nos ha prohibido expresarnos dentro de los estadios", afirma con rabia el que fuera asilado político.
Una comunidad dividida
A pesar de la vibrante cultura que emana de las más de 600 empresas de propiedad iraní en Westwood, la sensación general es que la política les ha arrebatado el disfrute del Mundial. "La comunidad está dividida", reconoce Roozbeh. "Hay una parte que solo quiere ver el juego y disfrutarlo, y nosotros tenemos que respetarlos. Pero ellos deben entender a la otra parte que quiere usar esta plataforma para educar al mundo sobre los derechos humanos", concluye el empresario iraní.
'Teherángeles' será hoy el reflejo de que es muy complicado que el fútbol viva ajeno a la política. Para figuras como Roozbeh, Sam y Mahmud, el fútbol en Los Ángeles no será simples partidos: directamente será posicionarse sobre la situación política de su país de origen.










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