Israel y Líbano aceptaron un nuevo alto el fuego bajo mediación de Estados Unidos, en un intento por contener la guerra en la frontera norte israelí y evitar una expansión regional del conflicto. El acuerdo establece que Hezbollah debe detener sus ataques y retirar a sus combatientes de las zonas ubicadas al sur del río Litani.
La negociación fue impulsada por funcionarios del Departamento de Estado durante dos días de conversaciones intensas. Donald Trump intervino para frenar ataques israelíes previstos sobre Beirut, después de una nueva ola de drones y misiles atribuidos a Hezbollah contra posiciones israelíes.
El punto débil del acuerdo es que Hezbollah no participó directamente en las conversaciones. Aunque el grupo ha mostrado apertura a una pausa militar, todavía no está claro si aceptará las condiciones fijadas por Israel, Líbano y Estados Unidos.
La declaración conjunta plantea que las relaciones futuras entre Israel y Líbano deben ser definidas por sus gobiernos soberanos y no por actores armados. Ese principio apunta directamente al poder militar de Hezbollah en el sur libanés.
La tregua llega después de semanas de ataques cruzados, víctimas civiles y presión humanitaria en localidades fronterizas. Para Washington, el acuerdo representa una oportunidad diplomática en medio de la guerra con Irán y la crisis en Gaza.
La pregunta inmediata será si el alto el fuego logra sostenerse sobre el terreno. Si Hezbollah rechaza el retiro o Israel mantiene operaciones ofensivas, la tregua podría quedar reducida a una pausa breve antes de una nueva escalada.










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