Por: Eshek Tarazona Vega Huacaybamba está siendo devastada por las lluvias. La provincia enfrenta uno de los temporales más intensos de su historia reciente, con precipitaciones incesantes que han desbordado ríos, provocado deslizamientos y huaycos y colocado a poblaciones enteras en una situación de extrema vulnerabilidad, con una interrupción total del tránsito vehicular. La situación es desoladora. Desde hace más de 12 días, la vía principal —la carretera nacional PE-14A, que conecta Huacaybamba con Áncash y Lima— permanece bloqueada en el tramo conocido como “La Garganta del Diablo” debido a un deslizamiento. La carretera departamental HU-100, que une a la capital provincial con los distritos de Pinra y Canchabamba, también se encuentra interrumpida. Entre la localidad de Huacán y el centro poblado de Pirushto, los deslizamientos han arrasado vías y sembríos; en el barrio de Santa Rosa de Chingas, el desborde de los ríos ha inundado numerosas viviendas. Hoy, Huacaybamba se encuentra prácticamente incomunicada de la provincia de Huamalíes y de varios de sus distritos. En el distrito de Pinra la situación es aún más alarmante. Las viviendas ceden ante la fuerza de la naturaleza, decenas de familias han quedado damnificadas, el centro de salud está en riesgo de colapso y varias instituciones educativas se han desplomado. Incluso una parte del cementerio ha sido arrastrada por los deslizamientos, el cual refleja la magnitud de la tragedia. Pero esta emergencia no puede explicarse solo por la intensidad de las lluvias. Año tras año, la provincia ha sido golpeada por la desidia y la mala gestión de sus alcaldes, que han priorizado intereses propios y personales antes que la seguridad de la población. No se han implementado medidas de prevención ni planes de contingencia adecuados, y la provincia ni siquiera cuenta con maquinaria básica —como retroexcavadoras y excavadoras de oruga—. Las vías vecinales se han mantenido en condiciones precarias y el crecimiento urbano ha ocurrido sin planificación ni asistencia técnica. Hoy, esa negligencia y la ineficiente administración acumulada agrava los efectos de un desastre que pudo, al menos, mitigarse. En los próximos días, la crisis no hará más que agravarse. El aislamiento de la provincia anticipa una inminente escasez total de alimentos de primera necesidad; de hecho, ya se observa un alza en los precios de productos y combustibles, mientras las familias afectadas enfrentan condiciones cada vez más precarias sin una respuesta oportuna. Se requiere la presencia inmediata del Estado. El Ministerio de Transportes y Comunicaciones, el INDECI, la Defensoría del Pueblo, el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional, el Gobierno Regional de Huánuco y las municipalidades deben intervenir de manera urgente y coordinada, de ser posible mediante la implementación de puentes aéreos. No se trata solo de atender una emergencia, sino de evitar que el abandono termine cobrando vidas humanas y mayores pérdidas materiales, en una provincia que arrastra décadas de carencias extremas y desatención estatal.