La primera vez que voté en unas elecciones presidenciales fue en el año 2016. En ese entonces, pese a que no tenía ningún tipo de militancia activa y mucho menos era alguien que hablara de política en redes, algo que ha cambiado radicalmente en estos años, tomé una rápida decisión a la hora de dar mi confianza a una propuesta. Mi voto en primera vuelta fue para la candidata del Frente Amplio de Izquierda, Verónika Mendoza. Lamentablemente, para ese entonces, un encarcelado Gregorio Santos logró sacar una buena votación, restándole apoyos y permitiendo que dos propuestas de derecha como Pedro Pablo Kuczynski (PPK) de Peruanos por el Cambio y Keiko Fujimori de Fuerza Popular pasen a segunda vuelta. Ya para ese entonces, sin menor ilusión ni expectativa voté por PPK. Mi segunda elección presidencial me encontró algo más formado políticamente luego de los acontecimientos que todos conocemos, sumado a la crisis mundial pospandemia del covid-19. Para ese entonces renové mi apoyo a la candidata Verónika Mendoza, ahora en Juntos por el Perú (JP), encontrándonos en una coyuntura en donde el sistema había mostrado sus flaquezas. El caldo de cultivo perfecto para una propuesta transformadora para el país y que se podría capitalizar electoralmente. Eso sí, no fue la candidata de JP quien logró capitalizar el descontento de la población, sino que fue el dirigente sindical y maestro rural Pedro Castillo Terrones, candidato presidencial del provinciano partido Perú Libre, quien, ocupando el primer lugar, pasó a segunda vuelta con la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori. Creo que para quienes hayamos vivido esa segunda vuelta, podemos decir con toda franqueza que no ha habido momento en la historia del Perú en el que el país haya estado tan polarizado políticamente hablando. El 2021 fue el año en donde la oligarquía, tanto política como económica y mediática, enfila sus baterías y saca todo su macartismo y anticomunismo rancio con el objetivo de evitar que el profesor rural Pedro Castillo llegara a palacio. Era la segunda vez desde la transición a la democracia de los años 2000, si consideramos al Ollanta Humala del 2006 como la primera ocasión, en la que un candidato presidencial antisistema lograba llegar a una segunda vuelta. Un candidato antisistema es, desde mi perspectiva, alguien que ha sido ajeno en todo sentido al establishment político, o que, si ha estado en él, haya asumido posiciones a contracorriente. En ese sentido, esta clase de candidatos los podemos encontrar tanto a la izquierda como a la derecha, pero mucho más en la izquierda. Desde ya les puedo adelantar que candidatos como Alfonso López Chao, Jorge Nieto, Marisol Pérez Tello, Fernando Olivera, Carlos Álvarez y hasta Vladímir Cerrón y el actual Perú Libre quedan fuera de esta categoría al ser continuistas del sistema, defensores del modelo postransición y, en muchos casos, acomodados al poder de turno desde las instituciones, independientemente de su discurso o ideario político. El primer candidato antisistema que puedo identificar en este proceso electoral es el excongresista de la República de Acción Popular, Yohny Lescano. Fue durante las elecciones del año 2016 uno de los favoritos a ocupar el sillón presidencial y, pese a lo derechizado que estuvo su partido, siempre levantó sus banderas desde el parlamento nacional en contra de los oligopolios y los grupos de poder, hecho que lo llevó con el tiempo a ser expectorado junto a otros valiosos militantes por la facción derechista de Alfredo Barnechea. Ahora, con su propio partido de nombre Cooperación Popular, parece no tener mayores oportunidades de lograr repetir su arrastre desde hace algunos años, pero de todas maneras resulta una de las voces contestatarias más importantes que podemos encontrar en la centroizquierda. El otro candidato antisistema que puedo identificar en estas elecciones es el del abogado huanuqueño Ronald Atencio, candidato por la Alianza Política Venceremos. Dicha alianza es parte de un acuerdo político entre el partido Nuevo Perú por el Buen Vivir, cuya imagen visible fue la excandidata a la presidencia Verónika Mendoza, y Voces del Pueblo del excongresista y ahora preso político Guillermo Bermejo. Fruto justamente del injusto encarcelamiento del exparlamentario es que la figura contestataria y antisistema de Atencio entra a ocupar el espacio del único frente de izquierdas de este proceso electoral, en donde cuestiones como el cambio de constitución, la industrialización de la patria y el cambio radical del modelo entran a tallar en el debate nacional. A unos días de las elecciones aún mantiene potenciales perspectivas de crecimiento y es quizás el único partido que ha debatido de manera abierta sus propuestas y plan de gobierno. El siguiente candidato antisistema de la lista es el sucesor del expresidente y preso político Pedro Castillo. Estoy hablando, por supuesto, del congresista Roberto Sánchez, del Partido JP, quien, pese a haber votado en abstención a su i