Jacobo Ramirez Mayz «Hola padre, ¿qué tal?», le digo mientras me subo a su camioneta, esa que suena como si también estuviera cansada del país. «Felizmente bien», me responde, con esa calma de quien ya vio pasar más políticos que combis piratas. Conversamos de todo un poco: del clima, del precio de la gasolina y de pronto le suelto la bomba: «Padre, ¿y cómo ve a los políticos y a los candidatos ahora que ya están afilando los dientes para las elecciones?». El padre me mira, sonríe como quien ya sabe por dónde va el asunto, y dispara: «Mira Jacoibo, el problema es que muchos creen que la política es para llenarse el bolsillo cuando debería ser para servir al pueblo. Traduciendo puedo decir que muchos de esos candidatos creen que el cargo es cajero automático y el pueblo es el cajero. Y no se queda ahí, me mete otro golpe: «Pero ojo, la culpa también es del elector» ¡PUM! Ahí nos cayó a todos. Porque claro, después andamos diciendo «todos roban», pero votamos por el primo, el amigo, el compadre, el que regaló polo, arroz o una sonrisa falsa con abrazo incluido. El padre, sin anestesia, dice: «Al momento de votar, hay que olvidarse del pobrecito, del amiguito, del familiar, hasta de la suegra si se lanza». Ahí sí me reí. Le pregunto: Padre Oswaldo, ¿cómo debería ser un buen candidato? se pone serio, y me dice: Que no sea un desastre con título. El candidato debería ser un excelente profesional, no un improvisado, un “yo veo cómo hago”. Imagínate a nuestro presidente hablando con presidentes de otros países, con gente preparada, y el nuestro hablando como borracho en cumpleaños. Ante esos uno tiene que aplicar la de Friedrich Nietzsche: “Me voy antes de que me contagies tu vacío”. Imagínate una autoridad que en su vida no pudo ordenar ni su cuarto menos va a ordenar un país, una región. Nuestras autoridades deben de conocer su país, su pueblo ( no solo en google maps) El candidato debe saber dónde llueve y dónde no cae ni una lágrima, qué necesita la gente, qué historia tiene ese lugar. Porque hay algunos que llegan al poder y parecen turistas: «¡Mira! ¡Un cerro! ¡Qué bonito!» y da ganas de decirles que ese cerro ya estaba ahí antes que tú y seguirá después que te vayas. Y peor cuando quieren copiar ideas de otros lados: quieren hacer “ciudad moderna” donde ni agua hay. No es malo aprender de afuera, pero tampoco vengas a meterle traje europeo a un pueblo que anda con yanquis. Un buen candidato no debe aparecer solo en elecciones (como los fantasmas) El candidato debe tener espíritu de servicio, o sea que haya hecho algo antes de pedir voto. Porque hay unos que aparecen de la nada: ni en peleas de perros los veías, pero en campaña están en todos lados: cargando niños, abrazando abuelitas, comiendo en mercados (aunque después les caiga pesado) y uno dice: «¿Y este de dónde salió? ¿Se cayó del cielo o lo escupió la tierra?» Si nunca ayudó a nadie, no va a empezar justo cuando tenga poder, lo que va hacer es empezar a ayudarse a sí mismo. Los candidatos no deben tener manos largas ni cara de yo no fui. La famosa autoridad moral. Ese concepto que algunos candidatos ven como mito, tipo unicornio. Porque la gente ya está cansada de votar por uno y luego verlo: investigado, denunciado o con más propiedades que futbolista europeo. Y claro, después dicen: “Es persecución política”. Un buen candidato debería ser alguien que: cumple lo que dice, no roba, no se hace el vivo y eso parece imposible hoy en día. Y ahora les pregunto: ¿Conocen a algún candidato que cumpla estas cuatro cosas?, que no sea improvisado, que conozca su país, que haya servido antes, que sea honesto. ¿O elegiremos de nuevo al menos malo? Porque esa es la tragedia nacional: no elegimos al mejor, elegimos al que menos miedo nos da. El padre tiene razón, los políticos están mal, pero el votante tampoco es un santo. Mientras sigamos votando por: cariño, pena, regalo o costumbre, vamos a seguir teniendo autoridades que: entran pobres y salen como si hubieran encontrado petróleo debajo del palacio de gobierno o del municipio . Así que ya sabes, cuando estés frente a la cédula, no votes con el hígado, ni con el bolsillo, ni con el «es mi causa», vota con la cabeza, porque después, el que gobierna no es tu amigo, es tu problema. Las Pampas, 02 de abril del 2026