Dejar de fumar siempre vale la pena. Un estudio publicado en Nature en 2020 reveló que los pulmones albergan células sanas capaces de multiplicarse y reemplazar a las dañadas por el tabaco una vez que la persona abandona el cigarrillo, incluso si fumó un paquete diario durante 40 años.
La investigación analizó las células que recubren los bronquios de fumadores, exfumadores y personas que nunca habían tocado un cigarrillo. En los fumadores activos hallaron una gran cantidad de células mutadas que podían ser la antesala de un cáncer pulmonar. Pero al dejar el hábito, un grupo de células no mutadas —genéticamente similares a las de los no fumadores— comenzaba a proliferar rápidamente para sustituir a las deterioradas.
El hallazgo más alentador fue cuantitativo: hasta el 40 % de las células pulmonares en exfumadores corresponde a estas nuevas células de reemplazo. Ese proceso de reparación se activa también en quienes han acumulado décadas de consumo intenso, lo que explica la caída pronunciada del riesgo de cáncer de pulmón tras dejar el tabaco, aunque el peligro no desaparece por completo.
Cronología de la recuperación
La regeneración no es solo genética: también es mecánica y funcional. En las primeras 24 horas se normalizan los niveles de monóxido de carbono en sangre y mejora la capacidad respiratoria y la tensión arterial. Durante las semanas siguientes comienza la recuperación del tejido y la regeneración de los cilios, unas pequeñas estructuras que actúan como barredoras para expulsar el moco acumulado, lo que reduce drásticamente las infecciones respiratorias. Al cumplirse el primer año, la capacidad pulmonar ya muestra una mejora medible en una espirometría.
Lo que el pulmón no recupera
Pese a las buenas noticias, los expertos y sociedades científicas como SEPAR advierten que la regeneración pulmonar es parcial, no total. El pulmón jamás vuelve a ser como el de una persona que nunca fumó. Enfermedades como el enfisema o la fibrosis avanzada persisten porque el tejido destruido en esos niveles no puede regenerarse. En el caso de la EPOC, abandonar el tabaco frena o enlentece significativamente la progresión, pero no cura el daño obstructivo severo ya instaurado.
La edad también influye: la capacidad de regeneración disminuye con los años acumulados como fumador. Las células sanas terminan dominando el epitelio pulmonar tras años de abstinencia, pero siempre quedan riesgos residuales que no desaparecen. Por eso la recomendación de los especialistas es unánime: cuanto antes se deje el tabaco, menor será la probabilidad de desarrollar una enfermedad pulmonar grave.







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